martes, 28 de junio de 2011

Un domingo familiar

Hoy me dejé abrazar por una nueva familia. Ninguno de los presentes eran mis tíos o primos, pero me sentí como si los conociera desde hace mucho tiempo. Era el calor latino, mezclado con el chino, lo que me hizo sentir muy bien.

Cuando me asomo por la ventana desde el onceavo piso en donde vivo y alcanzo a ver decenas de edificios, me pregunto qué historias se tejen en cada departamento de esta enorme ciudad. La luz que sale por las ventanas es lo único que me indica que ahí dentro alguien sueña, come, trabaja, tal vez ama y ríe.

Hoy formé parte de esa luz que a lo lejos siempre parece comunicarme algo. Hoy entré a uno de los millones de departamentos que hay en Beijing y adopté una familia por un día.

Volví a experimentar la convivencia familiar de los sábados y domingos, cuando los tíos, primos y amigos se  reúnen para entrarle duro a la comilona, contarse lo último que les ha pasado, y proporcionarse una buena dosis de besos y abrazos.

No era una convivencia típica en este país, porque en la mesa había platillos peruanos y alrededor de ellos chinos hablando español y peruanos hablando en mandarín.

Aunque las familias chinas son muy celosas de sus costumbres y tradiciones, y los extranjeros normalmente no son bien recibidos en sus hogares, cada vez es más común encontrar en el gigante asiático este tipo de familias “combinadas”.

En la reunión había peruanos que vinieron a Beijing para trabajar,  aprender mandarín, o como Elina, para acompañar a su marido; peruanos de padres chinos que llegaron para emprender nuevos negocios o perfeccionar el mandarín que les enseñaron sus progenitores; chinos que eligieron estudiar español como carrera profesional, y una mexicana que vino a trabajar, conocer la cultura, hacer amigos y divertirse.

Foto: Wan 

En medio del lomo adobado, la piña colada con pisco, la gaseosa Inca Kola (considera la bebida nacional de Perú), y nueve exquisitos platillos más de la gastronomía peruana, me sentí nuevamente como en casa.

Como lo dije en un texto anterior, publicado en este blog, me siento profundamente orgullosa de mi lengua y cultura latina. El español está cobrando una fuerza increíble en China, pero no sólo el idioma, sino todo lo que sabe y huele a latino.

Por cierto, antes de que se me olvide, en la reunión había algunos artistas. Una pianista, un violinista, dos cantantes y una bailarina.  La joven cantante Pu Jie está aprendiendo español, pues dice que la música en este idioma tiene mucha pasión y romanticismo, también habla un poco de portugués.  Anexo un video para que la escuchen cantando un fragmento de “La Chica de Ipanema”. Además de linda, tiene muy buena voz y mucha gracia. Escúchenla, aquí les pongo un pequeño video que hice.





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